El 14 de febrero salieron todas las parejas a festejar “El día de los enamorados”, o sea San Valentín. Cuando digo todas me refiero a las que no pasan por el duro trance de la separación por estos días, ni a las que sufren la acuciante realidad de la pobreza. El resto, aunque más no se a comer una pizza, salieron de sus hogares en pareja y llenaron bares, pizzerías, parrillas y restaurantes. Las edades iban desde los adolescentes de 15 años hasta los que suman más de seis décadas. Los más jovencitos lo tomaron como un día más y aprovecharon para festejar, no importa qué, cuando uno es joven festeja lo que venga y eso es muy bueno. En realidad es muy bueno festejar algo todos los días para mantenernos optimistas, dinámicos, alegres.
Estacionados en las calles de la ciudad había desde prehistóricos Renault 12, Fiat 128, Ford Falcon y Pick-up F100 de la década del 60, hasta los sofisticados BMW, Audi, Mercedes Benz, Alfa Romeo y camionetas 4x4, que por cinco pesos cuidaban señores con un chaleco naranja y el “estandarte” de los cuidacoches: la franela amarilla que agitan cuando un vehículo se acerca. Nunca entendí para que utilizan una franela sin jamás limpian un auto, pero no es este el tema. Claro está que estos diferentes autos que reflejan el desnivel económico de una sociedad, se mezclaban en algunas calles, aunque sus propietarios ocupaban locales de comidas bien diferenciados en lo sofisticado y económico; como sus autos.
Aunque pertenecientes a estratos sociales disímiles, las parejas estaban reunidas por el mismo motivo: San Valentín. Salieron a festejar “El Día de los Enamorados”, que como tantos días existen en el calendario, fue un gran regocijo para los comerciantes. Sentados a las mesas era reconfortante ver como se entregaban a los más dulces arrumacos, propios de los enamorados. No llama la atención los adolescentes o jovencitos, para ellos los 365 días del año tienen las mismas demostraciones de amor con sus parejas. Hablo de los que están establecidos como parejas, sean novios de largos años, matrimonios, parejas que conviven o mantienen un romance prolongado. Son los que ya con cierta madurez a partir de los 35 años, han adquirido un cierto equilibrio emocional y consideran a su pareja el “amor de sus vidas”; hasta llegar a los que pisan los 60 y disfrutan de sus nietos.
Quienes vivimos en ciudades que de manera relativa se consideran chicas, entre cien y doscientos mil habitantes, nos conocemos bastante entre si, por relaciones profesionales, artísticas o por hechos cotidianos. A través de las interrelaciones que tejemos a diario nos enteramos, por lo general sin proponerlo, de las intimidades de muchos actores de nuestra sociedad. Y es en esta franja que va desde los treinta y cinco años hasta los sesenta en la que me centré la noche del 14 de febrero cuando salí a recorrer los lugares céntricos y periféricos con fines periodísticos, para resaltar en el diario como festejaban las pareja de la ciudad. En esta recorrida pude apreciar que dentro de un mismo local, y aún en la misma mesa cuando la ocupaban más de una pareja; a hombres y mujeres que alguna noche atrás uno pudiese haber encontrado prodigándose todo el amor y la pasión posible en una habitación de un motel. Claro está que con diferente compañía…
Por este motivo destaco la hipocresía puesta de manifiesto el día de San Valentín por gran número de parejas que poblaron lugares públicos con el sólo fin de mostrarle a la sociedad que la rodea, lo bien que se llevan con sus maridos o esposas. Hubo muchos que no salieron a cenar esa noche, y no porque atravesaran conflicto afectivo alguno o crisis económica que lo impida. No salieron porque no necesitan mostrarle al entorno que son una pareja bien constituida, que se aman, que crían y educan a sus hijos con los mejores ejemplos y la mayor dedicación. Ellos no necesitan mostrar lo que son en la realidad, porque festejan cada día el hecho del amor compartido y en familia. El resto, los que dejaron a sus hijos para salir “a festejar el amor”, al día siguiente muchos de ellos habrán festejado otros San Valentines con otras personas, total la hipocresía les permitió mostrarles a la sociedad lo maravilloso que se llevan en pareja.

ValentinUtrera
Pro
Tina, la secretaria del director de la empresa ha tenido un San Valentín muy ajetreado. Primero lo ha celebrado con el director, (están liadillos), después con el abogado de la empresa (tienen un rollete), mas tarde con el puericultor de sus hijos (es el que mejor la comprende), ha quedado por la tarde con el entrenador de su gimnasio (el que mejor se lo hace) por la noche con su marido (el que más le compensa económicamente).
Una jornada laboral agotadora.
Saludos valentinos